TARUCA: El ciervo desconocido de Tarapacá

Ciencia y Medio Ambiente 02 de junio de 2020 Por Reinaldo Berríos
Hay que tener el ojo agudo y toda la paciencia del mundo. Caminar, observar, mirar y mirar. Pueden pasar días, semanas y meses. Y, si la suerte acompaña, eureka: La taruca o “huemul del norte” aparece entre la vegetación de alguna de las quebradas del norte grande. Es una de las tres especies de ciervos de nuestro país, pero -probablemente- la más amenazada. Y, para la mayoría de los habitantes de Tarapacá, una perfecta desconocida.
Tarucas en Alto Putre, 2018.
Tarucas en Alto Putre, 2018. - Foto: José Luis Lineros. Fotógrafo de Naturaleza

Camuflado entre la vegetación de alguna de las quebradas del norte grande, un animal majestuoso aparece -muy de vez en cuando- ante el ojo experto de algún investigador. Gabriela Fuentealba, es una de ellas. Vocera de la ONG “Tarukari”, explica que “la taruca es parte del patrimonio natural y cultural de la región. Históricamente, la especie ha tenido un simbolismo para las comunidades ancestrales de la zona. Sin embargo, existe un alto desconocimiento en la ciudad y en las nuevas generaciones, como producto de la pérdida de relación con la naturaleza”.

Walter Sielfeld, académico universitario y uno de los principales investigadores de la taruca en el Norte Grande, señala que su importancia está relacionada con la protección de la biodiversidad y que esto significa estabilidad, en el sentido ecológico/ambiental. “Es el herbívoro mayor, junto al guanaco, del ecosistema de la precordillera del norte de Chile. En ese sentido es también importante como presa (al menos los juveniles) del puma. Y sin taruca y guanaco, el puma también desaparece (o ataca al ganado ovino y caprino)”.

TURISMO POTENCIAL

Para los integrantes de “Tarukari”, el desconocimiento que existe en la comunidad respecto de esta especie es increíble. “En nuestros talleres de educación ambiental, la mayor sorpresa de los participantes ocurre cuando se enteran que existe un ciervo o huemul en una zona que se asume desértica. Siempre se habla del huemul en el sur, de lo importante de la especie y de su rol ecológico y como emblema nacional, pero descubrir que hay más de una especie de huemul, que vive en un ambiente totalmente diferente y que tiene tantas o más amenazas que su primo sureño, puede ser una revelación para muchas personas”.

El profesor Sielfeld agrega: “En las Torres del Paine y en Coihaique los turistas hacen viajes especiales para ver y eventualmente fotografiar un huemul del sur. Y un día más de turista en la zona significa un día más de hotel, comidas, taxis, etc. En nuestra región las autoridades no han sido capaces de visualizar (a diferencia de lo ocurrido en Arica), que podría ser un gran atractivo turístico para los visitantes extranjeros, cuyos intereses están directamente relacionados con el medio ambiente”. 

Pero no sólo las autoridades han sido incapaces de vislumbrar el potencial que podría tener la taruca en Tarapacá: “Dado que las poblaciones humanas en estos lugares se hayan asociadas a cursos de agua, existe una competencia entre diversas especies por los recursos, que claramente son limitados. En este sentido, la canalización de los cursos de agua en la precordillera, impide que las tarucas accedan diariamente a este recurso”, agrega Gabriela Fuentealba. La taruca, a diferencia del guanaco, toma agua todos los días.  

Por otro lado, el fomento de ganado caprino, dice Walter Sielfeld, genera un deterioro de las praderas naturales (las laderas de los cerros), que debieran utilizar tarucas y guanacos. Aunque su caza está prohibida, en la práctica la fiscalización es escasa. “La matanza es clandestina y/o incidental. Se ponen cercos, se enredan y mueren o quedan cojas. A menudo además los agricultores locales las acechan con perros”.  

Grupo de tarucas entre la vegetación. Foto: Miguel Contreras Manzo
Foto: Miguel Contreras Manzo

ESPECIES EXÓTICAS

Otra amenaza son las especies exóticas, como perros y burros, señala la vocera de “Tarukari”. “Por irresponsabilidad humana habitan libremente en zonas pobladas de la precordillera, generando ataques y competencia por el alimento, respectivamente. Por otro lado, en muchas ocasiones, principalmente en época seca, las tarucas se acercan a zonas de cultivo y los dañan, cuando las técnicas de cercado son insuficientes. Esto provoca ataques de represalia como la caza, la cual ha diezmado históricamente a las poblaciones”.

Respecto de los sectores donde habita, el profesor Sielfeld señala que el grueso de la población está en Parinacota (tal vez 500-600 ejemplares). “En la quebrada de Tarapacá y sus distintas ramas y quebradas secundarias, hay distintos registros de ejemplares aislados. El registro de más al sur es Quebrada Blanca, sobre Huatacondo. La zona que no está explorada es el interior de Camiña, donde eventualmente puede haber algunos grupos familiares”.

En otros países, añade, las tarucas están en peligro, pero creo que con medidas adecuadas se pueden salvar de la extinción. Lamentablemente eso no está tan claro, porque también hay que proteger el medio ambiente que necesita la taruca. “En Chile, por ejemplo, en la zona de Parinacota no está bajo protección ningún sector que incluya tarucas. El parque Lauca y otras áreas son todas altiplánicas (sobre 4000 m.) que son ambiente de vicuñas, pero no de tarucas. Tampoco hay (más allá de las intenciones y los dichos) un programa que efectivamente contribuya a la protección y conservación de las tarucas (ni en Arica ni en Tarapacá)”.

Gabriela Fuentealba agrega que hoy, “tan sólo el 7% de los territorios ocupados por las tarucas se encuentra dentro de áreas silvestres protegidas”. Para la ONG “Tarukari” la mejor estrategia para su conservación es la educación ambiental, a través de espacios donde se dé a conocer su valor biocultural, ecológico y el potencial económico para el turismo de pequeña escala. “Para evitar su extinción, creemos que es relevante mantener un uso equilibrado de los bienes que provee la naturaleza en la precordillera. En este sentido, la minería y la agricultura a gran escala podrían acabar con el hábitat de la taruca. Para esto, sugerimos que las decisiones sobre el uso del territorio se tomen desde una mirada transdisciplinaria, vinculando actores de comunidades locales, académicos, políticos, administrativos y sociales. Porque finalmente, en eso consiste la conservación de la naturaleza, en la administración de intereses diversos y la toma de acciones conjuntas, coordinadas, que busquen el bien común de ésta y las futuras generaciones”.

Agradecimientos a Gabriela Fuentealba, Cristóbal Arredondo y Paola Araneda de la ONG “Tarukari”. Al biólogo y ex Director General de Investigación de la Unap, Walter Sielfed Kowald y, muy en especial, a los fotógrafos José Luis Lineros y Miguel Contreras Manzo.

Tarucas mirando a la cámara. Foto: Miguel Contreras Manzo
Foto: Miguel Contreras Manzo


MINISTERIO DE MEDIO AMBIENTE

CLASIFICA A LA TARUCA “EN PELIGRO”

El Centro de Investigación en Medio Ambiente, CENIMA de la Universidad Arturo Prat elaboró un informe en el año 2014 sobre el estado de la población de tarucas en la provincia de Parinacota. Algunas de sus conclusiones son las siguientes: “La taruca o Hippocamelus antisensis, habita ambientes andinos, desde el Ecuador al noroeste argentino, tan al sur como la provincia de La Rioja en Argentina y Tignamar en Chile. Según el arte rupestre de la región, la taruca formaba parte del ambiente andino durante la transición entre recolectores y productores de alimento en el período arcaico (10.000-2700 AC), donde los humanos supieron convivir y prosperar exitosamente junto a esta especie, llegando a un desarrollo tan espectacular como el del Tahuantinsuyu de la civilización e imperio inca”. 

“Sus poblaciones se encuentran en evidente retroceso, estando aparentemente extinta en Ecuador y con serios problemas de conservación en Argentina, Bolivia y Chile. Y su rango de distribución estaría reducido en un 60% del original. Actualmente no existen en territorio chileno áreas protegidas que incluyan a la taruca”. El ministerio de Medio Ambiente, en su catastro nacional, con fecha enero de 2020, la califica de “en peligro”.

“La taruca habita entre 2.500 y 5.200 metros de altitud. Sin embargo, al sur de su rango de distribución, en Argentina se encuentra a partir de los 1.800 metros de altura en pastizales montanos. En Chile los avistamientos corresponden a sectores de la vertiente occidental de la Cordillera de Los Andes, fundamentalmente de la provincia de Parinacota, siendo accidental su presencia en la precordillera de la provincia de Iquique, Chusmiza, Coscaya y Quebrada Blanca; Segunda Región y posiblemente en la Tercera Región”


UN MAMÍFERO DE LA FAMILIA CERVIDAE 

La Taruca es uno de los tres mamíferos de la familia Cervidae presentes en Chile, es decir una especie de ciervo o venado. Su nombre común, tanto en quechua como en aymara, taruca o taruka, significa pequeño venado. Su tamaño es menor al Huemul, que mide entre 90 o 100 cm de altura y sus astas llegan a medir 50 cm. La Taruca por su parte, sólo mide entre 80 y 90 cm de altura y sus astas pueden alcanzar los 35 cm de largo. Es de coloración café pálido. El orden social del grupo corresponde al matriarcado, por lo que la hembra lidera sobre los machos. Forman pequeñas manadas entre 5 y 14 individuos. Debido al color de su pelaje y al ambiente donde vive, es una especie difícil de avistar.


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