
FORJADORES DE MAESTRANZAS Y FUNDICIONES DE TARAPACÁ
Un grupo de iquiqueños quiso resaltar a aquellos que habían forjado, a lo largo del tiempo, las maestranzas y fundiciones de Tarapacá. Así, nos remontamos a las culturas Pica – Tarapacá y Atacameña, que en la fase de los Desarrollos Regionales establecen en el sector de Collahuasi - Ujina, el que será el más importante centro metalúrgico del centro – oeste de Sudamérica, con más de 50 hornos, tipo “huayras fijas”, azuzados por el viento en las alturas y que se potenciará en la dominación Inca.
Trasladándonos, en esta breve visión, al Iquique del siglo XIX, que desde 1840 hay “máquinas resacadoras”, que con bombas de succión captaban agua de mar, para desalarla en sus calderas y dejarla potable, las cuales debieron contar con fábricas para reponer sus piezas y componentes. Pionero fue Bernardo Digoy, el que es arrasado por el terremoto y tsunami de 1868, junto con la que sería la primera fundición de la ciudad. Cito a Juan Williamson (1869): “Ni un vestigio ha quedado de la máquina Digoy, que ocupaba la punta llamada Gibraltar. Igual suerte tuvo el horno de fundición del señor Herrera. Quedó barrido hasta de la arena, y en su estado primitivo, como si jamás hubiera sostenido edificio alguno”.
Europeos, especialmente británicos, son los primeros forjadores de estas industrias. Un antecedente del Norte Grande nos lleva hasta Caleta Duendes (Tocopilla), donde según Juan Collao (2001), en 1840, el británico Carlos Wall, trae desde Cornwall, al primer grupo de mineros para trabajar en las fundiciones esa caleta.

Casa de Yodo de una salitrera tarapaqueña. Los prensadores de barriles de yodo fueron fabricados por la Fundición Iquique. Foto: Gentileza de Juan Vásquez
Las maestranzas surgen en Iquique, al igual que en todo el norte minero, asociadas a los ferrocarriles, donde capitales mineros privados invierten en la construcción y operaciones de sus ferrocarriles, los cuales fueron dotados de talleres o maestranzas, que tenían las funciones de mantener o reparar los equipos ferroviarios. Luego, por los costos y lentitud de la importación de las piezas, debieron dedicarse en forma creciente, a su producción.
Con la demanda que originó el ferrocarril, en 1870, comienza sus trabajos la “Fundición Tarapacá”́, la primera de envergadura y capaz de dar soluciones de insumos metálicos para la construcción, repuestos y máquinas, tanto para los ferrocarriles, como para las salitreras. Fue propiedad de North, Humphrey y Dickinson. Su equipo profesional y técnico consideraba ingenieros, contratistas, caldereros, constructores y fundidores de fierro y bronce. Sus servicios se dirigían a salitreros y mineros, entre otros, a los que ofrecían calderos, estanques, llaves, bombas, retortas, tubos y acendradoras de caliche, prensas y sopladores para la fabricación del salitre y yodo.
FUNDICIÓN DEL MORRO
De John T. North, ha fluido mucha más información, respecto a sus negocios y por ser propietario de la “Fundición del Morro”, formada por Tomás Rider y Cía., Ingenieros. Uno de sus principales socios, Robert Harvey, fue especialista en fundiciones. Ya a los 14 años se desempeña como aprendiz en la fundición de Francis Dingley, en Cornwallt, Inglaterra, hasta 1872. Continúa trabajando como obrero calificado en la fundición de William Perran.
Su llegada a Sudamérica se produce avalado por estas experiencias. Se le nombra supervisor del traslado de una máquina de vapor a una mina de cobre en Tocopilla, donde es contratado para trabajar en la sociedad Lean, Jose and Co., quienes se dedicaban a la minería y contaban, hacia 1859, con una fundición con 3 hornos y 1 máquina de torno. Harvey, fue el diseñador de la oficina salitrera más importante de la época. Se trata de Oficina “Ramírez”, en el Cantón de Huara, en 1883.

Maestranza de Of. Salitrera “Iris”, Ca. 1928. Foto: Gentileza de Juan Vásquez
Desde Alemania, arriba el emprendedor y aventurero Juan Gildemeister Evers. Llega como marino mercante a Brasil, dedicándose al comercio, hasta comprar una embarcación, en la que transporta madera, para venderla en Valparaíso. Con las ganancias obtenidas llega a Lima en 1848, donde desarrolla plantaciones azucareras en gran escala.
Su ímpetu empresarial lo lleva hasta California, por la “Fiebre del Oro”. De regreso a Lima funda la Casa Gildemeister & Cía. Se instala en Iquique, atraído por la “Fiebre del Oro Blanco”, incursionando en la industria salitrera. En el rubro metalúrgico, esta sociedad es propietaria de la Fundición “Iquique”, ex del Morro, altamente preparada para producir máquinas y equipos para elaborar nitrato y yodo.
Otras empresas del rubro fueron la barraca de fierro y fundición “La Victoria” de los hermanos Sparenberg y de Vicente y Agustín Jiménez, en Covadonga Nº 6, la que contaba con hornos de fierro y bronce e inclusive con una sección “Carrocería”, donde confeccionaban carretas calicheras, cachuchos, ascendradoras, bateas y calderas, entre otros, como las de John Pender en Gorostiaga Nº 1 y la de Saturnino Cortés en San Martín Nº 285 con Juan Martínez.
Estas son las bases de un rubro que seguirá aportando al desarrollo de Iquique y Tarapacá, en sus construcciones; en sus industria pesquera, minera del cobre, neominería del yodo y salitre, evolucionado hasta ser establecimientos 4.0.
(*) Profesor - Historiador
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