RASTREO DE CONTACTOS: Una opción para frenar la pandemia

Actualidad 28 de julio de 2020 Por Patrick Howell (*)
A falta de vacunas y ante la necesidad de reactivar la economía, la única forma de controlar la pandemia de coronavirus será mediante el rastreo de contactos. Pero para que la estrategia funcione hay que tener muchas cosas en cuenta, como la privacidad, la importancia de los rastreadores humanos y la urgencia.
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Foto: Reinaldo Berríos

La actual pandemia de coronavirus (CODIV-19) es un terreno muy fértil para vendedores oportunistas sin escrúpulos, grandes fraudes y negacionistas del coronavirus que atacan o culpan a todos y a todo, desde chinos-estadounidenses hasta a Bill Gates y las redes 5G. Y ahora, ha surgido un nuevo frente en esta extraña guerra: el rastreo de contactos.

Esta es la técnica que utilizan los trabajadores de salud pública para identificar a los portadores de una enfermedad infecciosa y encontrar a otras personas a las que hayan podido haber contagiado, para aislarlas y frenar la propagación de la pandemia. Es un método de investigación de eficacia probada para combatir con éxito los brotes de enfermedades como el sarampión, el VIH y el ébola.

Distintos países de todo el mundo ya lo están utilizando contra la COVID-19 con un buen resultado, y ahora muchos estados de EE. UU. empiezan a crear sus propios equipos de rastreo de COVID-19. Al mismo tiempo, algunas potentes compañías tecnológicas como Apple y Google están construyendo sistemas para ayudar a expandir y automatizar el rastreo y notificar a las personas que podrían haber estado expuestas. Sin embargo, el rastreo de contactos, igual que la realización de test y pruebas, el alejamiento social y el confinamiento, se encuentran entre dos fuegos políticos.

"Eso es totalmente ridículo", dijo el político Rudy Giuliani a la presentadora de Fox News Laura Ingraham cuando le preguntó sobre el plan de Nueva York (EE. UU.) para contratar a un "ejército" de rastreadores del coronavirus. Y añadió:  "Entonces deberíamos rastrear a todos que tengan cáncer, enfermedades cardíacas y obesidad. Quiero decir, muchas cosas matan más que la COVID-19, así que deberíamos rastrear todas esas cosas".

“El rastreo resulta crucial para evitar que una enfermedad se propague sin control. Después de identificar a las personas en riesgo, hay que aislarlas antes de que puedan propagar aún más el coronavirus”.

Prácticamente todos los profesionales sanitarios, y los organismos médicos desde los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS), afirman rotundamente que el rastreo de contactos es una parte crucial del plan de tres ejes para devolver la normalidad al mundo: realizar las pruebas, rastrear, aislar.

La directora de la Iniciativa de Comunicación Sanitaria de Stanford (EE. UU.) y antigua investigadora de los CDC, especialista en las epidemias, Seema Yasmin, opina: "No creo que se pueda exagerar la importancia del rastreo de contactos. Ha sido la base de todas las investigaciones importantes de epidemias desde el SARS hasta el ébola y más allá".

Aunque la realización de pruebas es la máxima prioridad (primero hay que encontrar a las personas contagiadas), el rastreo resulta crucial para evitar que una enfermedad se propague sin control. Después de identificar a las personas en riesgo, hay que aislarlas antes de que puedan propagar aún más el coronavirus.

"El coronavirus tiene un punto débil porque el tiempo de transmisión es bastante largo, aproximadamente dura una semana. Si logramos rastrear en escalas de tiempo más breves, se podría acabar con él", explica el científico informático de Microsoft John Langford, que ha estado trabajando con el estado de Washington (EE. UU.) en sus esfuerzos de rastreo de contactos.

Estas son las cinco claves para que el rastreo de contactos funcione.

Cuando los países empiecen a reabrir, pero antes de tener disponible una vacuna o un tratamiento efectivo, la principal forma de prevenir la propagación de COVID-19 será el rastreo manual. "Esto será un enorme esfuerzo", asegura el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo. Su estado y especialmente la ciudad de Nueva York, actualmente la región más afectada del mundo, son un ejemplo de las dificultades desarrollar la capacidad de rastreo manual. Un área metropolitana con una población que supera los 21 millones de personas y con más de 16.100 muertes por COVID-19 ha tenido menos de 1.000 rastreadores trabajando hasta ahora (en comparación con los 9.000 en la ciudad de Wuhan (China), que tiene 11 millones de habitantes). 

GARANTIZAR LA PRIVACIDAD

El enorme coste de contratar a rastreadores humanos es la razón por la que el rastreo automatizado se ha vuelto más popular. Pero la idea, basada en tecnologías como Bluetooth y GPS para determinar automáticamente si una persona pudo haber estado expuesta, se ha puesto en el punto de mira mientras las autoridades de todo el mundo intentan abordar la asombrosa tasa de contagios por COVID-19.

Los esfuerzos de alta tecnología, especialmente en los países asiáticos como China, Singapur, Taiwán y Corea del Sur, han generado muchos titulares, pero cuando Apple y Google publiquen su sistema para crear notificaciones de exposición en sus propios teléfonos inteligentes, se convertirá en el desarrollo más importante a nivel mundial. Las dos empresas son responsables del software en más del 99 % de los teléfonos del planeta. Las aplicaciones integradas directamente en iOS y Android, especialmente si son interoperables, podrían aumentar drásticamente el alcance de las autoridades de salud pública.

Pero los defensores de la privacidad y los activistas de los derechos civiles tienen preocupaciones válidas. El rastreo de contactos es una forma de vigilancia que, en el peor de los casos, puede suponer un abuso por parte de las empresas o gobiernos. Pero incluso si una aplicación de rastreo fuera descargada por todos los que pudieran usarla legítimamente, hay otro desafío importante en el simple hecho de que no todo el mundo tiene un teléfono inteligente. Solo el 42 % de los estadounidenses mayores de 65 años, el mismo grupo que representa ocho de cada 10 muertes por COVID-19, posee un teléfono inteligente, según una encuesta de 2017 del Centro de Investigaciones Pew. 

En Taiwán, el miedo al virus era extremadamente alto al principio del brote. Más de 850.000 ciudadanos taiwaneses viven en China continental, y viajan de un lado a otro entre los dos países de forma rutinaria. Sin embargo, hasta ahora, en el país solo ha habido 440 casos confirmados y seis muertes por COVID-19. Gran parte de la cobertura mediática se centró en los métodos de alta tecnología del Gobierno taiwanés, por ejemplo, mediante señales de teléfonos móviles para rastrear la ubicación de las personas en cuarentena y asegurarse de que se quedaran en casa.

Pero, en realidad, la clave ha sido una combinación de medidas de alta y baja tecnología. El país cerró sus fronteras el 7 de febrero para los ciudadanos extranjeros procedentes de China y para todos los extranjeros el 19 de marzo. Incluso aquellos que regresaban a su país tenían que pasar 14 días en aislamiento.

HACERLO TODO YA

Aunque las personas como Rudy Giuliani se burlan de la necesidad de disponer de los "ejércitos" de rastreadores, e incluso aunque sigamos teniendo preocupaciones reales sobre la implementación, la precisión, la confianza y la financiación, todos los expertos están de acuerdo en que el rastreo de contactos es necesario y funciona, pero no será fácil implementarlo correctamente. 

Es posible que se necesite más gente para llevarlo a cabo. La estimación de Johns Hopkins de un rastreador por cada 300.000 rastreadores en EE. UU. deberá aumentar si el virus se propaga aún más. También el servicio automatizado de Google y Apple requerirá que miles de sanitarios realicen pruebas y seguimientos.


(*) Este artículo fue publicado in extenso en la revista MIT Review.

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