ARQUEOLOGÍA: HALLAZGOS EN ANTIGUOS HABITANTES DE PICA

Patrimonio 16 de febrero de 2019
Una joven investigadora que lleva años trabajando en el cementerio denominado Pica Ocho, que fue excavado y estudiado originalmente por el profesor Lautaro Núñez en la década de los sesenta, ha logrado una serie de hallazgos que permiten arrojar nuevas luces sobre cómo vivían los habitantes de este lugar, hace más de 1000 años. Esto gracias al uso de la técnica de isótopos estables, que ha desarrollado en la Universidad de Oxford, Inglaterra.
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Esto podría sonar como chino, pero no: es ciencia. La aplicación de análisis de isótopos estables en contextos arqueológicos ha entregado una nueva perspectiva de estudio a la arqueología. Y así quedó de manifiesto tras el encuentro organizado por el Museo Regional con dos jóvenes profesionales de reconocida trayectoria, que expusieron hallazgos inéditos utilizando esta tecnología.

Uno de ellos, la antropóloga física, Francisca Santana, señala que dichos estudios permiten contar actualmente con evidencia directa sobre movilidad y paleodieta de grupos precolombinos. “Gracias a estos análisis sabemos que hubo consumo de dietas marinas y que las mezclaban con mucho maíz; además de algunos individuos, que pensamos no eran locales, que probablemente eran del altiplano, donde se evidencia una dieta más terrestre, de papas, de quínoa, etc”.

Durante los últimos años el uso de esta técnica ha permitido contrastar diversas hipótesis en relación a momentos clave de la prehistoria, tanto sudamericana como chilena, tales como la transición a la agricultura, la presencia de grandes estados o colonias en zonas locales, o el impacto de la llegada del Inca.

La joven antropóloga ha estudiado las culturas de la región de Tarapacá, además de los oasis atacameños, utilizando la técnica de análisis de isótopos estables de carbono, nitrógeno y oxígeno, además de isótopos radiogénicos de estroncio. “Los dos primeros –señala- son útiles para estudiar la dieta de las poblaciones pasadas, mientras que el tercero y cuarto son para evaluar la movilidad, y estudiar de dónde provenían originalmente las personas en términos geográficos y geológicos”.

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Mazorcas de maíz proveniente de contexto funerario del cementerio Pica 8.

“Los isótopos estables se pueden estudiar en diferentes tejidos orgánicos e inorgánicos. Por ejemplo, en los huesos (tanto de animales como humanos) es posible extraer la proteína de colágeno (parte orgánica) para analizar su composición isotópica de carbono y nitrógeno. Pero también puede analizarse la porción inorgánica o mineral que corresponde a la bioapatita en la cual se estudian las proporciones isotópicas de carbono y oxígeno, junto con el estroncio presentes en los carbonatos de la bioapatita. Las proporciones isotópicas se miden en una máquina llamada espectrómetro de masas”.

Con esta técnica, agrega la profesional, “podemos saber, a través de los dientes, en qué momento los niños dejaron de tomar la leche materna. Y eso es súper importante para estudiar las poblaciones del pasado para ver a qué edad promedio dejan de hacerlo y a qué edad comienzan con la dieta de los niños más grandes. Lo interesante sería saber si es la misma dieta de los adultos o alguna dieta más específica”.

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Túnica (textil) proveniente de contexto funerario del cementerio Pica 8. Foto de Viviana Rivas.

“El año 2011 cuando inicié mis estudios de magister en la Universidad de Oxford, me interesaba mucho estudiar el oasis de Pica, además que la colección bio-antropológica se encontraba en la Universidad de Chile, que es donde estudié mi pregrado y estaba muy interesada en conocer la dieta. Por esta razones me fui a Inglaterra a estudiar la técnica de isótopos estables”, señala.

El uso de esta metodología para la reconstrucción del paleoambiente ha permitido también comprender de una mejor manera la relación entre cambios climáticos, su efecto en las antiguas poblaciones humanas, y cómo éstas respondieron a ellos. “Principalmente, al conocer la alimentación, podemos saber cómo la gente -en el desierto más árido del mundo- manejaba la agricultura al revés y al derecho. A pesar de la aridez, a pesar de la escasa cantidad de agua, lo hacían muy bien. Y, además, obtenían una cantidad de maíz impresionante, que es lo que aportaba a su dieta”, señala Santana.

“Desde la dieta -agrega- podemos hablar de movilidad, podemos hablar de intercambio, así como detectar posibles indicios de la división de la sociedad. Sabemos que no todas las personas comen lo mismo, lo que nos podría estar diciendo que algo está pasando... ¿Serán relaciones políticas? ¿Serán relaciones de estatus? Eso es lo que queremos investigar a futuro. Del mismo modo podemos ver las conexiones que existen entre la costa y el interior. Por ejemplo, que están llevando pescado desde la costa, a pesar de la distancia. También podemos observar la relación con el altiplano, desde donde se trae papa por ejemplo; se intercambia la quínoa. Incluso podemos verificar las conexiones con el amazonas”.

“Ahora tenemos una nueva investigación en curso, también en Pica, para estudiar con mayor detalle cuál era la dieta que estaban consumiendo, porque ahora sabemos a nivel general si era una dieta marina o una dieta terrestre, pero ahora queremos entrar en el detalle: qué pescado, qué tipo de maíz, si e maíz estaba fertilizado con guano de pájaro o no, etc. Vamos a hacer estudios con aminoácidos para saber las dietas con más detalles”.

“Esto puede tener un impacto bien grande a nivel de la comunidad, porque se puede aprender más de su pasado, de sus ancestros, de todo lo que ocurría en Pica mucho antes de la llegada de los españoles; de la cultura que había, de la dieta de esa población... El complejo Pica-Tarapacá es tan importante que creo debería rescatarse y darlo a conocer a toda la comunidad de la región”, finaliza.

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