LAS MUJERES DE TARAPACÁ Y LOS PRIMEROS PASOS DEL FEMINISMO

Memoria 02 de agosto de 2019 Por Karelia Cerda (*)
Hemos escuchado en más de una oportunidad que nuestra querida región fue la cuna del feminismo en nuestro país, situando como principal hito la visita de la española Belén de Sárraga al puerto de Iquique y la pampa en 1913, tras lo cual se fundaron los Centros Femeninos Librepensadores Belén de Sárraga, los cuales propagaban ideas laicas y emancipatorias para la población femenina.
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A lo largo de siglos, las mujeres en tanto que sujetos sociales han sido omitidas por la historia tradicional. Dicho sesgo ha comenzado a decaer en las últimas décadas gracias a investigaciones que han rescatado el pasado colectivo y su participación en los procesos sociales.

En el caso de nuestra región, las mujeres han estado activamente presentes en las etapas más álgidas de la historia tarapaqueña, pese a su constante invisibilización. Así, hacia principios del siglo XX en pleno auge del ciclo salitrero, de la agudización de la “cuestión social” y del surgimiento del movimiento obrero, las mujeres comenzaban a insertarse laboralmente y a movilizarse en pos de mejoras a las condiciones de vida de las familias obreras, como también de sus propios derechos sociales en tanto que mujeres: la igualdad salarial, la protección de la maternidad obrera y la educación femenina como herramienta para elevar su posición en la sociedad, fueron las principales banderas de lucha de las tarapaqueñas, tanto en la pampa salitrera como en las ciudades, enmarcándose dentro de lo que se ha denominado el “Feminismo Obrero”.

Hemos escuchado en más de una oportunidad que nuestra querida región fue la cuna del feminismo en nuestro país, situando como principal hito la visita de la española Belén de Sárraga al puerto de Iquique y la pampa en 1913, tras lo cual se fundaron los Centros Femeninos Librepensadores Belén de Sárraga, los cuales propagaban ideas laicas y emancipatorias para la población femenina. No obstante, creemos necesario desempolvar la trayectoria de organización previa y sus alcances para desmitificar estas aseveraciones, sin ánimo de restarles heroísmo, sino más bien para contribuir desde la investigación a una Historia Regional que incorpore a las mujeres de forma veraz y rigurosa.

En Chile, el feminismo obrero surgió en la zona central con la fundación de la Sociedad de Obreras N°1 de Valparaíso (1887) y la Sociedad de Socorros Mutuos Emancipación de la Mujer de Santiago (1888), mientras que en Iquique la primera organización de este tipo nacería en 1890 bajo el nombre de “Sociedad de Obreras de Iquique”, en cuyo discurso fundacional señalaba su presidenta “[…] Que no se diga que la mujer de Iquique es incapaz de comprender los benéficos fines de la asociación como ya los han comprendido sus hermanas del Sur, cuyo ejemplo bastará seguir para dar vida imperecedera y robusta a la institución que hoy nace brillante como el sol del mediodía, dependiendo de vosotras el que jamás llegue a su ocaso” [1].

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Las sociedades de socorros mutuos fueron la primera forma de organización que tuvieron las mujeres de los sectores populares desde fines del siglo XIX y hasta las primeras décadas del XX, estas instancias enfrentaban los problemas más inmediatos de la vida obrera mediante el ahorro colectivo y la solidaridad: financiaban escuelas nocturnas, ofrecían veladas artísticas, costeaban atención médica y tratamientos en casos de enfermedad y daban sepultura a sus asociadas, además de difundir ideales de adelanto intelectual y reconocimiento social de las mujeres. Por otra parte, el mutualismo femenino en Tarapacá participó activamente de la sociabilidad obrera, activando redes de apoyo con instituciones masculinas y haciéndose presentes en actividades políticas como mitines y huelgas.

De esta forma, se comprende que para 1913 las tarapaqueñas ya contaban con experiencia de participación y organización al interior del movimiento obrero, a la vez que los discursos emancipatorios en razón del género ya se vislumbraban en las postrimerías del siglo XIX a lo largo de todo el país: la preocupación por la “cuestión de la mujer” como elemento fundamental para liberar a la clase trabajadora de todas las formas de explotación se hizo sentir con fuerza en Tarapacá y especialmente en la ciudad de Iquique, surgiendo desde las propias trabajadoras.

Ejemplo de esta trayectoria fue el surgimiento de lideresas en el seno del movimiento obrero a partir de la década de 1910 –liderazgos que no fueron casuales ni aislados y no podemos comprenderlos sin tener presentes todas las acciones desarrolladas por las organizaciones de mujeres desde 1890-, fue así como en la conmemoración del 1° de Mayo de 1911 hizo uso de la palabra la joven Rebeca Barnes, de sólo 14 años, para hacer hincapié sobre la importancia de las mujeres en las luchas sociales: “Levanto mi débil voz, en nombre de mi sexo y de mi edad. Si los obreros con justa razón hacen sus peticiones, defendiendo sus derechos pisoteados, también las mujeres tenemos muchos y altos ideales y derechos que nos corresponden y que muy poco nos han preocupado.” [2]

Rebeca encarnaría a una nueva generación de mujeres que gestarían transformaciones en las dinámicas de organización y representación política entre la clase trabajadora. De modo similar, Teresa Flores iniciaría su accionar político y social siendo la única mujer presente en la fundación del Partido Obrero Socialista –principal referente del movimiento obrero-, a partir de entonces potenció incansablemente la participación femenina en todas las instancias de lucha, posicionándose como una de las dirigentes y sindicalista mujer más importantes a nivel nacional.

Flores y Barnes, además de otras importantes luchadoras como Teresita Véliz, Pabla R. de Aceituno, Ilia Gaete y Adela de Lafferte, entre otras, fueron las fundadoras del Centro Belén de Sárraga de Iquique en 1913, iniciativa que replicaba la fundación previa de un centro similar en la ciudad de Antofagasta tras la visita de la conferencista española. Estos centros se crearon pocos meses después en la pampa, específicamente en Negreiros y Lagunas, gracias a una gira realizada por las adolescentes Rebeca Barnes y Teresita Véliz, quienes encendieron los ánimos de hombres y mujeres y dieron impulsos para la organización de las pampinas. Estos centros, además de promover los derechos esenciales de las trabajadoras, buscaron el origen de la opresión femenina en las imposiciones morales y religiosas de su época, apuntando por tanto a la construcción de una sociedad laica para garantizar la igualdad entre hombres y mujeres.

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A modo de conclusión, podemos mencionar que el movimiento de mujeres inicia en Tarapacá en 1890 –de forma posterior a otros centros industriales como Valparaíso y Santiago- de la mano de las sociedades de socorros mutuos, las cuales funcionaron como instancias de aprendizaje para la participación y el ejercicio de la ciudadanía de las mujeres. Fue en estas organizaciones en las que se gestaron las ideas de igualdad, ampliación de los derechos y justicia social. Los Centros Belén de Sárraga no fueron las primeras organizaciones feministas en Tarapacá, sin embargo su importancia radica en que con ellos se abrió una nueva etapa para el movimiento de mujeres, con una mayor complejidad orgánica e ideológica que perfiló la incidencia que lograrían tener las mujeres en las organizaciones obreras, en general, en décadas posteriores. La trayectoria del movimiento de mujeres en Tarapacá, por lo demás, marca un precedente para comprender cómo y desde cuándo se presiona en Chile por nuestros derechos.

(*) Candidata a Magister en Historia de la Universidad de Tarapacá.


REFERENCIAS
[1] “Inauguración de la Sociedad de Obreras”. El Nacional n° 120, 27 de mayo de 1890
[2] “El 1° de Mayo, la manifestación en Iquique”. El Grito Popular, 03 de mayo de 1911.


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